Con tu nombre tatuado. Coqueteria, amor, sexualidad.

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"Gabriel en la base de la espalda"

Nota: Este es un breve ensayo que tiene como finalidad explorar las motivaciones del porqué una mujer se tatua el nombre de un hombre (Gabriel) en la parte final de la espalda, a partir de la observacion del sociologo Pedro Pablo Ccopa durante un viaje en auto bus por la ciudad de Lima.



Las letras sobre la piel exponiendo un nombre de reminiscencias bíblicas a todo el que ose posar la mirada sobre el final de la espalda de una señorita en un transporte publico. Nos da pie a pensar en cuales son las motivaciones para que alguien se tatué un nombre en el cuerpo.

¿Cuáles son los mensajes que se envían? ¿Qué es lo que representa para esta mujer? y principalmente ¿Cuál(es) fue(ron) la(s) motivación(es) para el tatuaje? Estas preguntas guiaran este texto. Responderlas no es tan sencillo. Acaso el capricho es una respuesta valida. Pues capricho seria dejarlo así.

1. Mensajero de Dios

Mis hipótesis se trazan sobre las siguientes salidas: los mensajes que se envían son diversos. Por un lado, tatuarse “Gabriel” (u otro nombre masculino) alude a la idea de pertenencia, casi como las marcas que se le hace al ganado. La señorita en cuestión coloca el nombre de su amado para establecer pertenencia y exclusividad. Pero en este arrebato que parece dependiente, esta implícito otro mensaje: “soy lo suficiente atrevida para hacerlo, y confió en que mi amor perdurara tanto como para no desear borrar el mensaje”. Premisa ingenua, y obstinada, pero premisa al fin.

Así también la ubicación y la exposición por decisión propia, nos dice algo mas. Esta persona quiere ser observada. El hecho de colocarlo en la base de la parte final de la espalda y mostrarlo usando una prenda corta. Nos muestra que a pesar de aquel sentido de pertenencia auto adjudicado a través del nombre tatuado, se esconde la coquetería. Pues la mirada masculina o femenina que guste de las mujeres, o que sea curiosa, pasara de la base de la espalda a lo que sigue, es decir al trasero o el culo. Claro, no necesariamente siempre, pero 9 de 10 veces esto sucederá. Es intrínseco a la naturaleza de los hombres, y va con los gustos de mujeres, el observar y deleitar los ojos si se da el caso.

Entonces tenemos estos mensajes: uno alude a la necesidad de pertenencia personal, mas que todo una necesidad de arraigarse al soporte que significa la pareja para esta persona; o no al soporte, sino a la persona y lo que lleva con ella: “No es amor al chancho sino a los chicharrones”.

El otro nos remite a la promesa y la creencia en la perdurabilidad del amor, frente a todo. Quien sino alguien enamorado para atestiguar que los arrebatos producto del amor nos dejan fuera del juego de la razón, llevándonos a cometer errores mayúsculos, con consecuencias nefastas o afortunadas.

Y por ultimo, el mensaje que destila coquetería. Es una invitación a la vez que una negación. Observando lo que acompaña al tatuaje: comenzamos a desear, anhelar, o pensar en actuar sobre esa persona. Pero recordar el nombre grabado nos cierra aquellas “puertas”. Desde el enfoque de George Simmel seria mas apropiado hablar de “ventanas” antes que puertas, pues, quedamos como meros observadores que transcurren por un momento de ilusión al soñar en ser participes junto a esa señorita, del juego de la seducción, o algo mas, eso dependerá del observador(a).


Para ir cerrando con los mensajes. El tatuaje no solo envía mensajes a otros hombres o mujeres, en un acto de coquetería. Sino que es un elemento “transgresor”, pues si nos ubicamos en el medio donde se desarrolla la exposición: la ciudad de Lima. Nos encontramos con que este acto es transgresor dentro de una sociedad conservadora, acusadora, y moralista. La sociedad limeña aun se empeña en señalar con el dedo a lo que es diferente, a lo que rompe con el esquema de lo que “debería ser”, entregándose a un juego de doble moral.

2. “¿Acaso es el nombre de tu 'marido'?” - Representación

A nivel interno que representa para esta mujer el tatuaje del nombre de un hombre. Además de lo antes expuesto. ¿Pueden quedar otras cosas? Queda lo que significa esta persona en la vida de la joven. Acaso un santo, no lo creo. Es mas seguro pensar en un enamorado, novio, que en un santo o un padre o hermano. ¿Por qué? Porque los referentes familiares han ido perdiendo peso como soportes existenciales, porque la relevancia de las relaciones se ha ido moviendo, migrando hacia otros personajes.

Un nombre que es de lo más común, transciende su simplicidad, para entrar en el plano de lo relevante. Al día a día de esta persona, siempre o sino muy frecuentemente, se añadirá la pregunta: “¿Quién es Gabriel?”. A lo que ella responderá dependiendo de la persona. Explayándose en detalles, o siendo escasa en comentarios. Lo importante aquí es que el nombre obliga al ejercicio de la memoria, de la reconstrucción del pasado, que aunque tal vez lejano se vuelve cercano por el constante viaje de vuelta. Todo esto, si el tal “Gabriel” es alguien del pasado. En este caso se representara como alguien a quien recordar, un referente: positivo o negativo, dependerá de la historia personal.

¿Y si el susodicho es alguien de la actualidad? Bajo el supuesto de que sea un enamorado o novio. Lo que representa puede ser variado y mixto. Asumir entonces la posibilidad de una persona perdidamente enamorada, o alguien muy obnubilado. Que tiene la concepción del amor romántico y eterno, pues tatuarse significa marcarse de por vida, tal y como puede significar el matrimonio. Esta posibilidad puede ser aceptada sin esa excesiva polarización y con matices atenuantes.


El tatuarse el nombre de un hombre, en el caso de una mujer joven, representa un lazo fuerte a esta persona. Y lo más probable es que esta persona sea una pareja, enamorado o amante. Mas que un amigo, padre, hermano, o hijo. Porque la ubicación del tatuaje también representa algo.


Mas que el amor romántico también puede representar amor erótico. Y la noción de que esta persona lleva a esta persona muy cerca de donde el se puede integrar a ella. Es decir, en el espacio de las relaciones sexuales. Según la posición que asuman las parejas en una relación sexual, el nombre se mantendrá a la vista con las implicancias que esto significa para la pareja observarse dibujado en el cuerpo de ella. Lo que puede servir de gran estimulante.





Entonces, tenemos dos representaciones: el nombre tatuado representa a alguien que tiene un gran carga valorativa a nivel subjetivo, esto puede ser, sentimientos de amor romántico o erótico; y en un caso mas improbable amor filial. Por otro lado, el tatuaje representa una invitación al goce del amante, si es que es su nombre, además de un goce para la persona que lleva el tatuaje al sentirse mas ligada a esta persona.

3. Motivos – “¿Eres bien religiosa, no?”.

Esto me remite a pensar en lo que nos dice Simmel: el hacer y padecer. A esta dualidad le agregaría un componente mas: el gozar.

Los motivos que llevaron a la realización del tatuaje, nos llevan al “padecer”, al dolor (debido a las sesiones de tatuaje), a la mirada indiscreta, a la trasgresión de parte de otros, entre otras impertinencias. Pero también nos lleva a “gozar”, sea por la mirada de la pareja al sentirse reconocido en el cuerpo de la persona que quiere, sea por el placer de un lazo mas imperecedero con la pareja debido a que el tatuaje es para siempre, o la satisfacción sexual en las relaciones por este juego de espejos entre el reconocimiento de uno en el cuerpo del otro y el reconocer llevar al otro marcado en la piel. En síntesis, podemos decir que es una acción de coquetería. Con la pareja, y con el resto de personas que la rodean. Pues para el primero es mostrar y ofrecer, para los demás es aceptar y negar al mismo tiempo.

La mirada del otro, de los/las otros, además de la persona que esta marcada en ella. Ese es uno de los principales motivos para tatuarse. Debido a la posición, a la abierta exposición del tatuaje. Esta mujer espera la mirada, a la vez que invita. Pero también niega. El nombre vuelve a decir “se ve pero no se toca”. La necesidad de recibir halagos, o ser reconocida como aquella que fue capaz de tal acto de locura, para gran parte de los miembros de la sociedad limeña, también se asoman como motivaciones validas.

4. Gabriel en el medio


Mas allá de si se tratase de Gabriel u otro nombre. Este tipo de tatuaje evidencia muchas cosas. La necesidad de enviar mensajes visuales, dando a conocer el estado, las pertenencias de las personas, invitando a la observación pasiva del cuerpo. La representación de una persona con una gran carga subjetiva (llámale amor, pasión, lujuria, ilusión; si deseas) a través de la objetivación en el cuerpo.


Y por ultimo lo que motiva a tatuarse, es una mezcla de lo anterior. El deseo de reconocer y reconocerse unido estrechamente a alguien, así como la posibilidad de ofrecer un adicional a las relaciones sexuales. Lo que esta en el fondo de esta mezcla de mensajes, representaciones y motivaciones. No es otro que la necesidad de sentirse deseada. En un doble proceso de la coquetería: se muestra y afirma, se muestra y se niega, la posibilidad de pasar de la oferta a la acción, se queda para muchos en la última mirada. Y para otros como “Gabriel”, en una promesa implícita. A la espera de ser cumplida.







Otra Nota: este fue un ensayo (version revisada) realizado para mi curso de teoria sociologica II, motivado por la observacion del profesor Ccopa. Si bien hay referencias obligatorias a George Simmel, falto agregar a: Danilo Martucelli, Erich Fromm, Pedro Pablo Ccopa.


Leyenda:

Foto 1: "Jack", que tambien podria ser "Gabriel". Tomada de: http://www.flickr.com/

Foto 2: Tomada de: http://www.flickr.com/photos/mariah_guedes/

Foto 3: Tomada de: http://www.flickr.com/photos/s_adam_zuckerman/

Foto 4: Tomada de: http://www.flickr.com/photos/mrsvedder/

Foto 5: Tomada de: http://www.flickr.com/photos/proyectoeden/1759383036/

Si les interesa el tema, revisen los comentarios a las fotos, veran mucho de lo que menciono lineas arriba.

Referencias Bibliograficas:

Simmel, G. (s/f). La coqueteria. Edit. ?.

1 comentario:

loleta dijo...

tal vez Pedro Pablo Ccopa tenía ganas que alguien se estampara su nombre en el abdomen

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